viernes, 18 de enero de 2013

El Roble del Jardín

          La noche pasada la tormenta había sido imponente y no había parado de nevar hasta bien entrada la madrugada, ahora un gélido y cortante viento azotaba las ramas del viejo roble que ocupaba gran parte de nuestro pequeño jardín.
El viejo y frondoso roble que había plantado mi abuelo un siglo atrás y en el que podría decirse que estaba escrita la historia de mi vida, ya que muchos de los momentos más importantes de ella, habían ocurrido al amparo de sus ramas.
          Sobre su copa, mi hermano y yo, solíamos jugar de pequeños, sintiéndonos Robinson y Viernes o Tarzán y Jane, incluso habíamos construido una endeble y destartalada cabaña entre sus ramas, que crujía alarmantemente cada vez que subíamos y bajábamos de ella.

           Seguí creciendo a su sombra y durante mi adolescencia su vieja corteza se fue tatuando con sangrantes corazones atravesados por una flecha, eso si, siempre con distintas iniciales, dependiendo de como se llamase el "noviete" de turno. Años más tarde sirvió de decorado para la foto oficial de mi boda y que aún hoy, preside la chimenea del salón.

               Bajo su manto protector  solía colocar la cuna-moisés de mi bebé, al resguardo de los rayos del sol en las cálidas tardes de primavera, mientras que yo me dedicaba a enredar entre las margaritas y azaleas del jardín. También bajo el viejo roble descansaba, hacía dos años ya, mi querido amigo Pucky, el bonachón San Bernardo que me había acompañado fielmente durante dieciséis años, sin otro objetivo en su vida que el de adorarme, con ese amor leal y totalmente desinteresado que solo un perro es capaz de dar.

             Y a su sombra protectora continúo sentándome hoy día en las tardes soleadas para dar un merecido descanso a mi pobre osamenta mientras que mi mirada se pierde en la distancia y mis recuerdos, como hoy, vuelan libres.


             Siempre he pensado que algún día, cuando me llegue la hora de partir, me gustaría descansar al abrigo de sus ramas para poder enredarme entre sus raíces y fundirnos en uno solo, Pucky, el roble y yo.

              De pronto un intenso resplandor seguido de un trueno, rompieron el hilo de mis pensamientos. Había estado tan absorta divagando por mis recuerdos, que no había notado que la tormenta había vuelto con más furia todavía que el día anterior. Solo tuve el tiempo justo para mirar por la cristalera del salón y ver como el rayo partía en dos a mi viejo y querido roble.Y mientras lo veía caer herido de muerte, sentía como al mismo tiempo dentro de mi, algo se moría con él.

Julia L. Pomposo





17 comentarios:

  1. No debió tener ese fin, merecía vivir para siempre y continuar haciendo historia. Ese rayo me ha fastidiado no sabes cómo, hasta me ha dolido. No me lo esperaba.

    Un abrazo.

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    1. Pues si,el pobre roble tuvo mal fin, pero al igual que Pucky, dejó una huella imborrable.
      Abrazos cordiales

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  2. Cuánto amor nos dan los árboles y qué poca consideración les tenemos. Un árbol, un perro, un bebé... un rayo que lo parte en dos. Tal vez es el final más glorioso para un roble, árbol siempre mítico, siempre familiar.
    Un abrazo.

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    1. Pues yo también creo que es mejor que te derribe un rayo a que te vayas pudriendo de viejo y esto sirve para todos los seres vivos. Abrazos

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  3. Que bonito relato Julia, siento lo del roble, no cabe duda que ese era su destino. Lo importante son las cosas bellas vividas con el y junto a el.
    Feliz fin de semana querida amiga, un abrazo Pilar.

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    1. TAMBIÉN SE LLORA LA PÉRDIDA DE UN ÁRBOL, SOBRE TODO CUANDO HA COMPARTIDO AVATARES CON UNA TODA LA VIDA.. GRACIAS POR ESTAR SIEMPRE AL OTRO LADO.
      BESOS

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  4. Una maravillosas Historia sobre aquel viejo y entrañable Roble que inspiraba evocaciones, sueños y fantasías.
    Precioso Relato.
    Un abrazo.

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    1. DESOUÉS DE TODO, CREO QUE TUVO UNA MUERTE DIGNA Y ALGO HEROICA. ABRAZOS CORDIALES

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  5. Hay arboles que solo miramos, otros, como tu roble, que los vivimos y jamás serán olvidados.
    Hermoso relato.
    Saludos.
    Roser

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    1. Gracias Roser, así es y este era de los que se vivían.
      Un abrazo

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  6. Nuestra sensibilidad nos lleva a paralelismos afectivos con otros seres o elementos de la naturaleza, es bello y necesario.

    Precioso texto.

    Un abrazo.

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    1. Pues si, este viejo roble era como un diario, ¡Ay si hubiese podido hablar!
      Abrazos cordiales

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  7. El ser humano tiende a amar y todo en ésta Tierra se debe amar pero sobre todo a nuestra Naturaleza, Julia si existe algo que me encanta y quiero son los árboles.

    Un abrazo

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    1. El que no ama a la Naturaleza tampoco se ama a si mismo. No te encuentro por google, ¿donde te has metido?
      Abrazos de hada a hada

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  8. Me encanta y amo la naturaleza, pero no soporto la falta de valor que le da el ser humano...

    Muy bueno Julia

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    1. Te digo como le he dicho a FANTASÍA, quien no la ama tampoco se ama el mismo.
      Espero que todo te vaya mejor ahora y puedas contarnos cosas mas alegres querida amiga, porque tristezas creo que ya has superado la cota, suerte que tienes una gran capacidad de aguante. Gracias por leerme, recibe mis abrazos cordiales

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  9. Precioso relato. Me ha llegado al corazón.

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