lunes, 5 de diciembre de 2016

Rima nº 2


En la inmensa llanura de tus ojos,
como dos negras perlas en tu cara,
se reflejan un mundo de pasiones,  
un manantial de eróticas miradas.

Si es verdad, como dicen los poetas,
que los ojos reflejan corazón y alma,
por eso se ven siempre tan vacíos
los ojos de una estatua.

El frío mármol no tiene corazón, no siente nada.

Julia L. Pomposo

martes, 22 de noviembre de 2016

Tejiendo sueños

Que no sepa la rosa que se muere
que el viento le arrancó todas sus hojas,
que continúe creyendo que es hermosa        
oculta en la blancura de la nieve.

Que no sepa el pintor que sus pinturas
no lucen ya colgadas en salones,
que en un desván se borran los colores
de aquel hermoso bodegón de frutas.

Que no sepa el poeta que se apaga
que sueñe con aplausos y ovaciones
que crea que aun le rinden los honores
aquellos que olvidaron sus poemas.

Dejémosles seguir en la confianza
de que el reloj paró sus manecillas
eternizando lo bello de sus vidas
mientras la Parca espera en lontananza.

Que se queden dormidos sin saber
que el mundo se olvido ya de su gloria
que permanezca por siempre en su memoria
cuando renazcan en otro amanecer.

Julia L. Pomposo

martes, 8 de noviembre de 2016

Quiero escribir un poema


Quiero escribir un poema
que viaje a través del tiempo
y que pueda volar alto,
más allá del pensamiento

Que en los confines del mundo
se sepa lo que yo siento,
que se repartan mis risas
y se escuchen mis lamentos

Que suene una melodía
cuando alguien lo esté leyendo
y que se oiga mi voz
entre las voces del pueblo

Quiero expresar en palabras
las inquietudes que tengo,
los sueños aun por cumplir
y los que ya se cumplieron

Quiero escribir un poema
donde guardar mis recuerdos
para que perduren siempre
y no se los lleve el viento

Quiero plasmar en un verso
el amor que llevo dentro,
todos los besos que di
y los besos que me dieron

Y cuando lo tenga escrito
a trozos lo iré rompiendo
para poder repartirlo
entre la gente que quiero

Si te encuentras un trocito
guárdalo junto a tu pecho
porque una parte de mi
se esconde en cada fragmento.

Julia L. Pomposo


viernes, 4 de noviembre de 2016

Una de Rafael Alberti


SE EQUIVOCÓ LA PALOMA

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas eran rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

Rafael Alberti


domingo, 30 de octubre de 2016

Cuento de Halloween


                                             LAS LUCECITAS

La noche pasada no podía dormir, me encontraba muy inquieta y sentía una molestia que no sabría definir. No sabía que me estaba ocurriendo porque no me dolía nada. Supongo que el estar dando vueltas y más vueltas en la cama no ayudaba y me iba poniendo cada vez más nerviosa, así que decidí levantarme y salir a dar un paseo por los alrededores. En ese momento debían ser las dos de la madrugada aproximadamente.

Vivo a las afueras de un tranquilo pueblecito un poco apartado del mundo; está situado en el centro de un valle y rodeado por un hermoso paisaje de montañas y bosques. Por lo tanto el salir a pasear a esas horas podría  resultar extravagante pero no peligroso.

Mi casa es pequeña, pintada de blanco y con la puerta y ventanas de color azul. Está situada al borde del camino de árboles un poco retorcidos, es la última casa del pueblo. Mirando hacia el fondo del camino se pueden distinguir las altas tapias del Camposanto y la gran verja de entrada flanqueada por dos enormes cipreses y por la que se vislumbra parte del interior del pequeño cementerio y justo hacia allí encaminé mis pasos, con el único fin de cansar el cuerpo y tranquilizar el espíritu que por lo visto, aquella noche había decidido no dejarme dormir.


Caminaba despacio mientras me arrebujaba en mi chal de lana puesto que a aquella hora de la madrugada solía refrescar.

Según me acercaba empecé a distinguir unas lucecitas que en un principio tomé por luciérnagas, pero cuando estuve mas cerca me dí cuenta que no se movían por el suelo sino que parecían flotar. Al llegar delante de la verja observé que estaba abierta, cosa que me sorprendió bastante, ya que Damián el sepulturero y que también hace las veces de jardinero, es muy cuidadoso en su trabajo y jamás se había dejado el recinto abierto.

Pero aquella noche parecía que hubiese presentido mi visita y me estuviese esperando, facilitándome la entrada.

Atravesé la verja atraída por las luces que se movían de acá para allá por entre las tumbas.

La luna no alumbraba demasiado aquella noche y me llevó un buen rato darme cuenta de que se trataba. Eran un grupo de personas que vestían sendas capas negras y cuyas capuchas ocultaban sus rostros. Cada uno de ellos llevaba una vela encendida en la mano y todos parecían muy atareados y disciplinados, com obedeciendo a una orden, aunque no imaginaba que podían estar haciendo a esas horas tan intempestivas ni mucho menos comprendía quien podrían ser esos misteriosos encapuchados. No soy demasiado miedosa, pero aquello empezaba a inquietarme.


De pronto, advirtieron mi presencia y todos, como obedeciendo a una invisible señal, comenzaron a reunirse en un mismo punto y sin poder controlar mi curiosidad, me fui acercando hasta allí, más que curiosidad era como si algo que yo no podía controlar, me empujase hacia el misterioso grupo como algo superior y ajeno a mí.
Al estar todas las velas juntas pude por fin distinguir sus rostros y para mi sorpresa, descubrí que todos me eran familiares. Estaba Pedro, el anterior sepulturero que había muerto hacía un par de años; también estaban Doña Adela y Doña Aurora, ambas habían sido maestras de mi infancia y el anterior párroco, el padre Ambrosio fallecido hacía casi diez años, así hasta un total de doce personas. Todas estaban alineadas frente a mí y me sonreían. De pronto se fueron apartando y tras ellos apareció una mesa a la que se encontraban sentados mis padres, mis abuelos y algún que otro familiar fallecidos, como dispuestos para un festín. Todos me hacían gestos con la mano para que me sentase a la mesa con ellos.


¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué clase de broma macabra era aquella y que hacían todos aquellos difuntos allí? De pronto, lo comprendí todo; no era real, se trataba de un sueño o mejor dicho, en este caso, de una pesadilla ¿O no?, ¿Acaso era algo peor? ¡Vaya, ahora lo entendía!
Después de todo, la noche anterior si que había conseguido dormirme, lo que parecía que no había conseguido era ¡¡DESPERTAR!!

Julia L. Pomposo

lunes, 24 de octubre de 2016

Muñeca rota


¡Cuantas tristes madrugadas
de horas robadas al sueño!.
Cuantos rostros que pasaron
sin dejar ninguna huella
junto a mil voces que suenan
sin reconocer ninguna.

Manos ávidas de amor
comprado a precio de saldo.
en un sórdido cuartucho
donde jamás entra el sol,
ni el alma, ni el corazón.

Se marchitó la hermosura
de la alegre juventud
¿dónde quedó la inocencia?
se marchó con la virtud
en busca de la tristeza.

Y es en ese transcurrir
donde poco a poco un día
la mujer se convirtió
en esa muñeca rota
con quien nadie juega ya.
Cansada, sola y vacía.

Julia L. Pomposo


miércoles, 19 de octubre de 2016

Las falsas apariencias


Las cosas no son siempre aquello que parecen.
ni es oro todo aquello que suele relucir,
caminas por el mundo con la máscara puesta
y a todos sonriendo, fingiendo ser feliz.

El lobo disfrazado de frágil corderillo,
acecha cuando menos lo puedes prevenir
y hasta la hermosa rosa con su sin par belleza,
tiene crueles espinas que te pueden herir.

La sangre derramada en nombre de los dioses,
es la excusa empleada, por matar o morir.
Y tras el decorado en el que nos movemos,
la cruda realidad no puedes distinguir.

El mundo es un teatro, la vida una función,
donde hombres y mujeres se aprenden el guión.
Mas cuando llega el fin y se baja el telón,
las ocultas miserias hacen su aparición.

Ten los ojos abiertos, procura estar alerta
y ver la realidad, oculta tras la puerta.
No te fíes de los brillos ni los falsos profetas.
Y recuerda que existen las falsas apariencias.

Julia L.Pomposo

lunes, 10 de octubre de 2016

Desde mi nariz


Desde mi nariz observo
como el mundo corre ciego,
observo el llanto del hombre
sin que se note que observo.

Egoismo, indiferencia,
falta de amor y de sueños
hastío y un gran desencanto
desde mi nariz observo.

Desde mi nariz yo veo
como nos vamos perdiendo
en esa loca vorágine
donde nos arrastra el tiempo.

Yo vi desde mi nariz
lo generoso de un perro
que con otros compartía
aquel hueso que le dieron.

¿Por qué no comparte el hombre
amor, caridad, consuelo?
¿Por qué se muestra impertérrito
con los problemas ajenos?

Pero sin perder la fe
desde mi nariz observo
y espero ver compartir
un buen día, pan y hueso.

Julia L. Pomposo